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Necesito ir al súper

by • 21 noviembre, 2014 • COLABORADORES, TOP 5Comentarios desactivados1343

 

Por Rodrigo Nivonog

 

La escasez de comida en mi refrigerador encendió las alarmas intestinales que me acompaña desde pequeño. Harto de comer cereal como desayuno, comida y cena, consideré la opción de ejecutar el mítico acto de los jóvenes adultos; ir al súper. Mientras, me servía un plato de cereal. Las fuerzas evolutivas jugaban con mis pocas reservas y crecían ojos, bocas y simpáticas pústulas a lo que alguna fue un delicioso espaghetti a la mantequilla con salmón, una rebanada de pizza digna de museo o medio yogur de fresa orgánica, revolucionaria y popular.

 

El tiempo se tuerce entre los pasillos, rítmicamente, con el rechinido del carrito del súper al doblar cada esquina. Llevo pescado porque es sano, pero del barato porque soy chavo. Tres cajas de galletas desdoblarán mis traumas infantiles ante la cajera, 40 latas de atún en prevención del derrumbe de la civilización (o de prender la estufa, dios me salve de tener que prender la estufa para cocinar, o peor aún, prender el horno). Viva el cheez whiz, la catsup que redunda eterna, los toppers con la comida en criogénia como Walt Disney que mamá me dio el otro día, vivan las 40 cervezas para pasarme el atún. Mi refrigerador luce lleno otra vez, pero sé que no por mucho tiempo.

 

Algunos días después (¿días? ¿horas? ¿semanas?… ¿microsegundos?), el clin clinc clinc clinc del cereal contra el plato cerámico anuncia la escasez y el invierno que azotará mi región estomacal. Este cereal está tan seco como el orgullo del espectro de mi abuela cocinera, que me observa desde el firmamento; tomo la leche, baño los pequeños salvavidas de avena que me tienen cautivo.

 

“Deliciosos cereales toroidales deshidratados con microcristales de dulce miel amazónica, con una rica y tradicional salsa láctica deslactosada de grasas reducidas. ¿O prefiere nuestro exquisito Vampichoco, tremendo arroz seleccionado manualmente por los descendientes del emperador de china, inflado en horno de barro y bañado en cacao molecular tabasqueño?” Soy tan soltero que podría montar un restaurante fino con acid jazz y luces amarillas para sólo servir cereal con leche. La variedad no es comer de todo, sino comer lo mismo -por cuestiones prácticas- imaginando que son cosas diferentes -por cuestiones emocionales, o porque no quiero ensuciar el cereal con mis lágrimas-.

 

Debería ir al súpe—- Uy… En mi plato sólo queda leche. Le pondré un poco más de cereal.

 

 

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