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Mi navidad partida en dos

by • 9 diciembre, 2014 • COLABORADORES, TOP 5Comentarios desactivados1322

 

Por Ana Rolón

Tener dos casas y dos familias puede tener sus ventajas. Dos fiestas de cumpleaños con sus respectivas mesas de regalos, dos tandas de viajes en el año, doble combo de fiestas decembrinas con un aún doble combo de regalos navideños. La mayoría de la familia materna es veracruzana, por lo que la cena de Nochebuena es suculentamente diferente a lo que una familia chilanga come por excelencia; en cambio la familia paterna siempre suele lucirse con los regalos más esplendorosos que viven bajo el enorme árbol de navidad.

Casa A: llegar temprano, saludar a los que hayan llegado incluso antes, escanear el árbol de navidad, deprimirse o emocionarse según los resultados del escaneo, servirse refresco, sentir la tripita rugir con el olor de la cena calentándose, ir a la tienda por lo que haya faltado (¡aaaaay se nos olvidó el pan de caaaaja!), sentarse en la sala, intentar entablar una conversación que no tenga que ver con las fechas, recibir varios mensajes genéricos (ya sea por WhatsApp, redes sociales o correo electrónico) de felicitación navideña, entrarle a los tragos más coquetos, escuchar un claxon.

Casa B: llegar incómodamente tarde –pues todos ya están perfectamente acomodados en los sillones–, saludar a la familia y a los amigos conocidos y desconocidos de la familia, encontrar un huequito en algún sillón lleno de abrigos y bolsas, escanear el árbol de navidad, emocionarse automáticamente porque los resultados siempre son positivos, rechazar la cena porque la cena veracruzana espera en la casa A, aceptar un platito de cena medio a fuerza, hacer chistes incómodos, huir a la casa A.

Mi Nochebuena siempre termina en la casa A. Después de cenar como si nunca antes hubiera probado alimento, se procede a la entrega formal de los regalos mal envueltos (a menos que hayan sido comprados en alguna tienda departamental, ahí las envolturas son perfectas) y a la práctica de la ya famosísima poker face.

Cuando Santa Claus venía, mi hora de concluir la noche previa a la navidad llegaba bastante temprano (uno no quería dejar esperando al panzón lleno de regalos que sí había pedido). Pero ahora que he conocido las bondades del alcohol y las botanas posteriores a la cena, puedo decir que el desvelo es muy bien justificado.

 

Ahora no puedo esperar al recalentado veracruzano.

 

*Hola. Soy Ana Rolón. Me gustan los cubos Rubik. Como mi apellido es una gran canción, a cada texto le sugeriré una rola –que yo considero grande– para acompañar (¡a ver si les gustan!).

 

 

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