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paquete

El bulto que me observa

by • 10 febrero, 2015 • COLABORADORES, TOP 5Comments Off1239

 

Por Rodrigo Nivonog

Desde hace más de dos meses está ese bulto ahí, en una esquina. Ya he olvidado qué contiene debajo de esa brillante capa de plástico negro acumuladora de polvo mágico y estándar. El mero propósito de su existencia está perdido en la bruma de los tiempos, explotando mi mala memoria para eternizarse ahí, en los dobleces de la casa. El eterno pendiente que día tras día queda ahí, pendiente.

No sé cómo llegó ahí ni donde debería estar, aunque el clóset suena como el mejor lugar para mantenerlo. No sé por qué no lo he movido si cada mañana en el trayecto en la cama y la ducha me observa fijamente con su ausencia de ojos, me grita en silencio con su inexistente boca. ¡Maldito bulto! ¿¿Por qué atormentas mi existencia en esta nueva casa lejos de mis padres, que ordenaban todo?? ¿¿Por qué me sigues en los sueños, devorando mi nuevo depa entre horribles risotadas?? ¡¡Tu existencia otrora inocua, hoy nubla la armonía de mi comedor!!

Sin embargo la curiosidad de su contenido me carcome. Armo mi valor para explorarlo; por equipo tomo un trapo, periódicos viejos, un tanque de oxígeno (uno nunca sabe) y el rosario que me dio mi abuela durante su peregrinación a la basílica del ’93. Primero topo con el nudo que engalana su superficie de bolsa de basura, que cede rápidamente ante mis dedos rasgantes. Dentro…. ¿Un tesoro? Primero saco una caja de kleenex vacía con piezas de ajedrez nadando alrededor. Escarbo un poco más y una colección de postales publicitarias -esas que daban a finales de los 90- Con frases tan relevantes como “del suelo no pasas”, “flashea a tus invitados”, “DeTodo tiene de todo” o “lo más chido del ’98”. Debajo de las postales, algunos luchadores plásticos convivían con vouchers de pagos con tarjeta de la última década. Al parecer compré una revista proceso en Sanborns en agosto de 2008, unos tenis en galerías Coapa durante 2005 e invité a alguien a comer en el Sushi Itto de santa fe en 2011 (qué oso). Una cámara digital de 2 megapixeles emerge cual fósil que narra las andanzas de otra era, todo envuelto en varios juegos de sábanas viejas.

Tengo vagos recuerdos; rellené esta bolsa en la mudanza de hace unos 5 años con cosas que no cabían física o categóricamente en otros paquetes, con la premisa de “llegando a la otra casa decido si lo tiro”. Una bolsa llena de basura que se transforman en recuerdos involuntarios, pero que ocupan un espacio que no puedo dedicar a otras cosas más útiles (por ejemplo muebles o LIMPIEZA).

Cierro la bolsa sumido en la nostalgia… y en la tardanza, porque debí haber salido a la oficina hace más de 15 minutos. No sé qué hacer. La voy a mover mientras tanto al estudio. Llegando, al rato, decido si la tiro o no.

 

 

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