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Editorial: ¡Salud dolor de Navidad!

by • 15 diciembre, 2014 • COLABORADORES, TOP 5Comentarios desactivados1315

Casi podría asegurar que en esta época, hay dos tipos de personas. Los que aman la Navidad: la comida, la música, los regalos, los adornos, la comida, la comida. Y los que no soportan esta temporada pues Santa Claus y sus enanos, les recuerdan momentos tristes y nostálgicos. Navidad se presta para que sucedan cosas fascinantes, pero también muy dolorosas.

Yo la amo por sus momentos tristes. Aceptémoslo, “El niño del tambor” es la canción más deprimente en la historia. Adoro esa parte sombría, fría, gélida, que se desparrama durante diciembre y enero. Llámenme pesimista, deprimida, emo, darks: jamás he podido explicar por qué me siento tan atraída por la soledad. Por qué me gusta tanto el desconsuelo… de estas fiestas.

Mi teoría es que de pequeña recibí los mejores regalos del mundo. Una de las características de mi disfuncional familia (como si la mayoría de las familias mexicanas no lo fueran), es que a falta de mucho amor, pues: ¡grandes regalos! Patines, Micro Hornito, Bicicletas, Fábrica de chocolates Mi Alegría. ¡Cariño en especie!

De pequeña, durante Navidad mi negrura se tornaba “linda” y era envuelta con papel verde, rojo y dorado. En Navidad ese vacío innombrable tenía olor a ensalada de manzana, espagueti con cilantro y romeritos.

Navidad es la única época del año en donde la tristísima “Ora-pro-nóbis” se escucha con amor. En donde se hacen celebraciones alrededor del frío. ¡Ohhhh, Blanca Navidaaaaad! La única época del año en la que la melancolía se torna calentita y sabe a ponche de frutas.

Eso: me encanta como Navidad vuelve brillante y atrayente a lo melancólico y desconsolable. Es como si por poco menos de dos meses estuviera permitido creer que ese dolorcito interior no se siente nada mal… Y no sólo eso, es como si estuviera permitido adornar al dolorcito interior con moños plateados. O como si le pudiéramos untar rompope y jengibre para compartirlo con las personas que amamos en una mesa llena de copas y vinos para brindar por él.

¡Salud!

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