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Editorial: Viaje a mi «nueva, nueva casa»

by • 13 octubre, 2014 • COLABORADORES, TOP 5Comentarios desactivados en Editorial: Viaje a mi «nueva, nueva casa»1592

 

Por Almond

¡Hola! De nuevo yo: la persona que disfruta mucho su hogar, su espacio, su territorio, pero hoy navega entre olas difíciles.
Es increíble lo mucho que puede cambiar el sentir por una casa en tan poco tiempo. Nada se compara con la emoción, felicidad y amor que le tomas al principio a ese nido lleno de pajas desaliñadas. Sus goteritas, rechinidos, habitantes, todo es bello. Es muy interesante el embrutecimiento que te genera cada esquina de tu casa nueva cuando te susurra «libertad».

Y así te quedas un tiempo: atolondrado de lo maravillosa que es tu fortaleza. Nada podría estar mal en ese lugar. AJÁ… a todos se nos pasa el amor después de un tiempo. Y vaya que esa «goterita» se vuelve un tremendo hoyo en el techo que no deja de escupirte agua en la cara.

Cambié de hoja y entré al capítulo en donde nada me acomoda. Donde cada imperfecto lo sufro igual que el rechinar de uñas en un pizarrón de gis. Ya no aguanto las distancias maratónicas que tengo que recorrer para llegar ahí (como si Dios no supiera lo complicado que es nuestro Mexiquito y sus calles). Ya no aguanto a sus habitantes (principalmente ya no aguanto a sus «habitantas»). Y mi fortaleza se derrumba poquito a poco frente a mis inocentes ojos de primeriza enamorada.

Tengo que admitir que no todo es tan caótico. Aún disfruto y quiero mucho a mi hogar. Pero pasa que estoy entre una difícil transición entre el segundo y tercer capítulo de una historia en donde pronto será momento de cambiar de aires. Digamos que estoy navegando aguas hostiles para llegar a un destino más «pacífico». Navego hacia una playita nueva en donde el sol es reconfortante: calienta sin quemar.

Aún no es momento de dejar mi primer nido atrás. Aún no debo conocer a mi «nueva, nueva casa». Me quedan algunos meses para seguir aprendiendo lo que sea que tenga que aprenderle a mi actual hogar y a sus «inquilinas». Sé que pronto tendré que irme, pero no me voy sin descubrir primero cómo termina esta historia. ¿Aún se usa «y vivieron felices para siempre»? O en mi caso ¿«y se reconciliaron felices para siempre»?

 

 

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