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by • 29 enero, 2010 • Sin categoríaComentarios desactivados en 4380

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Cuando volé del nido me dí cuenta que sabía un poco de todo y mucho de nada. Hay cosas que no discriminan sexo ni edad, ¿Cómo empiezas a hacer de ese nuevo espacio tu hogar? ¿Hasta cuándo te refieres a la casa de tus papás como “mi casa”? ¿Cuántas excusas vas a inventar para lavar ahí tu ropa? ¿Cuándo está oficialmente permitido decir que extrañas la comida de tu mamá?.

Poco a poco me fui adaptando a mi nueva vida, al principio lo que más extrañaba era el “efecto recalentado“ (no importa la hora, en casa de mis papás siempre había un topper con comida para meter al micro) y el fenómeno “ropa mágica” en el que dejaba una blusa en el bote de ropa sucia y, sin darme cuenta, aparecía perfectamente lavada, almidonada y planchada en el clóset.
Siempre me he negado a preguntar sobre cosas básicas del hogar (para mí eso denota debilidad), por eso he preferido indagar, “googlear”, “youtubear” y aprender a hacerlo sola. Después de varios arroces quemados, por fin he entendido que nunca va a saber como el de mi mamá, por eso tuve que inventar mi propio arroz.

En esta búsqueda de recetas de cocina, soluciones y tips (100 maneras de desmanchar mi sillón de vino tinto), descubrí lo que hoy me traería aquí. Tenemos veinti/treintaytantos años, somos independientes, mantenemos una casa, compramos productos para limpiarla, vamos al super, lavamos ropa, cocinamos… ¿Y quién nos ofrece todo esto? Nadie.

Tengo la teoría de que a las “señoras” les es más fácil porque les ponen todo en charola de plata: programas y revistas dedicados, recetarios, detergentes, suavizantes, desodorantes de ambiente, electrodomésticos, limpiadores de pisos, de baños, de muebles… Pero el resto (la gran mayoría de nosotros), estamos abandonados

Eso me quedó claro al hacer mis primeras compras de super, no solo me fui con la finta de las cantidades tradicionales que se consumían en “el nido” (y compré un kilo de jamón para dos personas), sino que el descarte de los artículos de limpieza fue por que estaban en oferta y/o olían rico. Con tanto gasto de depósito de renta, mudanza, instalación de cable, gas, internet y demás menesteres, preferí arriesgar calidad (no así cantidad).

Honestamente no tenía idea de cuál era la diferencia entre 7 tipos de cloros y 18 olores diferentes de limpiadores para piso, tampoco me quedaba muy claro si era mejor el jabón para platos líquido o en pasta o porqué era mejor el aceite de canola que el de maíz. Eso nunca me lo enseñaron en la escuela (gracias a Dios) y en “el nido” era natural, estas cosas simplemente estaban.

Las aventuras de independizarte en esta ciudad y no morir en el intento, estar todo el día fuera de casa, lidiar con los vecinos, desmanchar los tapetes, quitar el olor a cigarro, sacar una tapa atorada en un sartén, en fin… He tratado de reunir todo aquello que me hace una amante de mi hogar, para compartirlo con ustedes.

Esto es todo lo que me hubiera encantado saber cuando volé del nido y nunca nadie me explicó, bienvenidos a Dramas de Casa.

Melissa Mochulske.

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