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Perro viejo y terco: la mejor compañía

by • 12 agosto, 2014 • COLABORADORES, MASCOTAS, TOP 5Comentarios desactivados1992

 

No me acuerdo ni el año, ni qué edad habré tenido, sólo sé que nos acabábamos de cambiar de casa y una noche– ¡PAS!, mi papá llegó con un perro. No sólo trajo un perro, llegó con croquetas, cama, juguetes y lo más importante: le trajo una rabia a mi mamá… Pocas veces la he visto tan enojada, y es que ella no soporta a los animales. Ni el olor, el pelo, las popos. Las mascotas le dan asco, punto.

La escena fue terriblemente tensa: el animalito en el piso de la cocina parecía que se había tragado una máquina de toques y ninguno de nosotros entendió –nunca–, qué le había pasado, o de dónde venía para verse tan asustado, flaco y sí, ¡tan feo!

El caso fue que mi mamá no le habló a mi papá en MUCHO tiempo. Yo, al ser una niña, y creer que “todos los perros tenían que ser increíbles”, ya había pensado en un nombre canino desde antes de encontrarme con Ikis (Nickelodeón y todos sus programas estaban de moda. Ickis era el personaje de una serie de monstruos que me gustaba mucho. #sayPFFF). Y entonces se llamó Ikis.

Mi hermano y yo estábamos muy emocionados, ¿qué niño no idealiza una mascota? No voy a mentir, Ikis fue un rotundo fracaso infantil. No le gustaba jugar, le asustaba todo, jamás pudimos sacarlo a pasear sin que se auto-ahogara. Me avergonzaba mucho con los vecinos cuando lo dejábamos salir al patio delantero: coche, peatón, animal, lo que sea que se le parara enfrente, detonaba una serie de ladridos agudos, chillones –casi llantos– terrrribles.

Jamás hizo ningún caso. Era de los perros que se orinaban de la emoción en todos lados (y de la no emoción también). No sé cuántos periodicazos y gritos de mi mamá habrá recibido a lo largo de su vida. Al principio llorábamos mi hermano y yo cuando escuchábamos a mi mamá pegarle, después bueno… Ikis tardó muchos años en portarse “bien”.

Pasó mucho tiempo, –hoy Ikis tiene, má o’ menos, 18 años– y mi familia y él se fueron asentando. Acoplando.

Lo que pasó después me intriga mucho. Ikis se hizo viejo y naturalmente mi papá también. Una mascota que fue traída “sin permiso” para los hijos, se convirtió en el compañero de envejecimiento de mi papá– le compra carnitas, lo consiente, le canta, lo defiende cuando mi mamá o yo hacemos burla de sus achaques… ¡18 años de vida!, claro que Ikis tiene verrugas, artritis y demás efectos de los canes de la tercera edad.

No tuve un perro que consolara mi desolación adolescente, tuve a Ikis. Y la verdad es que le aprendí algo bien valioso: a pesar de ser testarudo, malhumorado, asustadizo, nada bien parecido y chillón, tiene una familia que lo quiere mucho mucho. Y tiene a otro viejito que lo cuida. Ikis se ganó el amor de mi papá por ser como es. ¡Hoy hay dos viejitos tercos en casa que se hacen compañía!, y eso es un alivio para mamá…

¡Te quiero mucho Ikis! ¡Gracias por toda la compañía que le brindaste a mi familia y a mí durante todos estos años!

Te quiero.

Descanse en paz el mejor perro necio del mundo 1997  – 2015

 

 

 

 

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