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¿Irme o no irme? He ahí el drama

by • 13 marzo, 2014 • COLABORADORES, DRAMARAMA, TOP 5Comentarios desactivados en ¿Irme o no irme? He ahí el drama5629

 

Una de mis colaboradoras favoritas ha aterrizado otra vez por aquí con un nuevo drama, en el que logró retratar a la perfección una situación que muchos de nosotros hemos vivido alguna vez.

Los dejo con Ana Rolón.

Antes que nada, un disclaimer: novio, no puedes leer este post. Una vez aclarado esto, empecemos el drama que Mel me invitó a escribir… Y es que, me costó trabajo decidir sobre qué quería escribir, pero siendo sincera, sabía que quería tocar este tema desde siempre.

Novio vive solo desde hace un año. Le ayudé a empacar todo, a decidir qué podía servirle o qué podía ocupar espacio innecesario. Le presté mi auto para meter todo lo que cupiera, dimos más de quince vueltas y hasta caminé por Insurgentes cargando una cama y un sillón.

Durante las primeras semanas estuve ahí con él: trapear, lavar trastes, aspirar, sacudir, rellenar hoyos en la pared con un pegamento que marea, huir de matar arañas, limpiar ventanas y hasta conseguir banquitos prestados para que tuviera en qué sentarse. En los primeros seis meses que no tuvo roomie, yo me sentía viviendo ahí.

Pero entonces tenía aún todas las ventajas de vivir en casa: que me laven la ropa, que me cocinen, que mágicamente los trastes estén limpios, secos y hasta guardados. Ahí me cayó el veinte: qué cómodo es vivir con papás –o con mamá, en mi caso– todavía. No hay que pagar renta, no te cortan la luz porque olvidaste pagar, no te bañas con agua fría porque no pagaste el gas…

Luego vino la roomie. Otra mudanza, más cajas, más libros, más cosas: sus cosas, su casa. Yo ya no tenía lugar de estacionamiento, ya no podía dejar la taza de té nocturna en el fregadero, lo peor de todo: ¡ya no podía salir en ropa interior al baño! Aquí yo ya era una completa extraña, era la visita, sentía que tenía que pedir permiso hasta para tomar agua, ¿y qué pasó? ¿dónde está mi independencia de fantasía? Claro, todo tenía sentido ahora: ya quería vivir sola, y sí, sin las ventajas de mamá.

Confesión al mundo (si se escribe –y publica– se hace más real): Este año me salgo de casa. Este año voy a comer lasagna casera fallida, voy a quedarme sin champú a plena ducha, voy a trapear chela tirada y lavar sillones pisoteados; pero también voy a sentir esa satisfacción de llegar a mi casa, de saber que puedo andar descalza porque ese día aspiré y de ser recibida con un beso (saquen sus propias conclusiones).

Dicen que a los veinticuatro años el mundo cambia por completo… Y si no lo dicen, deberían.

*Hola. Soy Ana Rolón. Me gustan los cubos Rubik. Como mi apellido es una gran canción, a cada texto le sugeriré una rola –que yo considero grande– para acompañar (¡a ver si les gustan!).

 

 

Crédito de imagen

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