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Virginidad cibernética

by • 29 agosto, 2012 • AUNQUE USTED NO LO LEAComments (14)1451

 

No sabemos en qué momento sucedió, pero nos convertimos en los expertos en “computadoras” de la familia. Somos los que “le sabemos” a cosas como:  reiniciar el módem, abrir una cuenta en Facebook, usar Skype y vaciar la cámara de fotos.

Hoy resulta romántico pensar en la pérdida de la virginidad cibernética de los que nacimos hace (más – menos) 35 años .  Lo que empezó con inocentes clases de mecanografía en máquinas de escribir (con  todo y cubre teclados de castidad),  se afianzó con las Commodore y sus instrucciones en lenguaje Logo para que una tortuga se desplazara en la pantalla haciendo figuras.

Lo que vino a robarnos la inocencia por completo fue la llegada de la “World Wide Web” y con ella, todo tipo de placeres y límites hasta ese momento desconocidos para nosotros.   A partir de ahí vino todo lo demás…

Mientras todo esto pasó, la mayoría de los adultos siguieron con su vida asumiendo que  la tecnología era cosa de “la chaviza”.   Windows llegaba a nuestras vidas cual fuente de cerveza helada en un desierto para ayudarnos a hacer los trabajos de la escuela y graficar con Excel en segundos, mientras la gran mayoría de los contadores seguían haciendo sus balances fiscales con calculadora y máquina de escribir.

Los jefes de familia aún miraban orgullosos los 36 tomos de la Enciclopedia Británica  en el librero y nosotros queríamos los CD ROM de la Encarta que  nos ahorraba horas de trabajo.

Fue más fácil para nosotros entender la tecnología y adoptarla,  simplemente aprendimos a hacerla parte de nuestra vida al grado de resultar indispensable. Para ellos fue mucho más complicado, la gran mayoría tuvo que acercarse a la computadora forzados por las exigencias de sus trabajos.

Debe ser algo así como aprender a andar en patineta a los 45 y  tener que someterte a la fuerza y con mucha presión a las rampas más pronunciadas del mundo. Por eso somos los “expertos” en lo que a tecnología doméstica se refiere, porque a diferencia de ellos, crecimos y aprendimos a vivir naturalmente con ella.

Cuando te mudaste seguramente 3 de  las primeras 5 llamadas que te hicieron desde casa fueron por “problemas técnicos” como: anexar una foto al mail (y mandarlo a varias personas),  subir su foto de perfil a Facebook,  conectar la nueva impresora y explicarles cómo usar el nuevo smartphone que les vendieron (que además, es infinitamente mejor que el tuyo y eso te arde más).

No eres una mala persona si pierdes la paciencia a los 5 minutos, tendrían que venderla por costales porque con este tipo de situaciones se agota demasiado rápido.

Tengo la teoría de que toda esa paciencia “fugada” le fue otorgada a mi amiga Daniela Escalante, quien valientemente ha armado una plataforma de clases de Internet en línea en donde habla sobre prácticamente todo lo que tiene que ver con Internet y tecnología actual.

Ver cómo explica tan tranquila y delicadamente en video-clases de un minuto lo que yo me tardo 40 en tratar de explicar, me hace pensar dos cosas: la primera, es que soy una mala persona por no tenerle paciencia a mis mayores (a mi Mamá) al respecto y la segunda, que a partir de ahora no me tengo que preocupar por tenerla porque puedo darles la dirección y dejar que ella les resuelva todos sus conflictos cibernéticos.

Seamos conscientes de que la generación “tablet” está a la vuelta de la esquina, hoy muchos niños aprenden a hablar con aplicaciones de Ipad.   Ellos nos darán 3,000 vueltas en este tema en cuestión de 15 años y ante quienes seremos esos adultos que se refieren a ellos como “la chaviza”, todo es cíclico.

Las Clases de Internet me inspiraron el post de hoy, cuando le conté a Dani, amablemente nos regaló suscripciones gratis para los lectores de Dramas de Casa, solamente hay que entrar a este link: www.clasesinternet.com/promo

Mi recomendación es que entren primero para pulir las cosas que se les dificultan (esas por las que le hablan desesperados al de Sistemas de la oficina para que les ayude), y que sean generosos y les pasen el dato a sus papás, tíos, padrinos y suegros.   Hoy por ellos, mañana por ustedes.

 

 

 

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