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Vecinos: la evolución de la “tacita de azúcar”

by • 15 octubre, 2012 • AUNQUE USTED NO LO LEAComments (31)2169

 

Quizá muchos de nosotros vivimos  en nuestra infancia la era “tacita de azúcar”,  los vecinos tocaban la puerta para preguntar si podíamos prestarles: limones, huevos, desarmadores, focos, fusibles, la tradicional “tacita de azúcar” y otras muchas cosas más.

El tiempo nos fue pasando y nos volvimos más desconfiados, hoy no abrimos la puerta de nuestra casa tan fácilmente (a menos que sea el repartidor de comida o el super a domicilio).

Hoy en día el acercamiento con los vecinos es patético, principalmente se da de tres formas:

 

1. Por necesidad: Necesitas (del verbo “necesitar desesperadamente”) gritarle al vecino y descargar tu furia porque: estaciona mal su coche y te deja encerrado, tiene la música muy fuerte en martes a las 2 am, tiene fiestas y deja las áreas comunes hechas un asco, azota las puertas y se escucha todo en tu casa, su perro no deja de ladrar y diario deja lleno de huellitas de lodo las escaleras,  escuchas sus peleas más íntimas por las rejillas de ventilación del baño.

 

2. Por la junta mensual vecinal: vas a 3 de 12, y cuando vas es porque necesitas quejarte por algún mal funcionamiento de las instalaciones, porque el portero está insoportable o porque tienes la obligación de descargar frente a todos los inquilinos y el administrador del edificio el odio que le tienes a todos aquellos a quienes les gritaste por las razones arriba mencionadas.

 

3. Porque coincidieron en el elevador:  te los encuentras en el elevador y no pasas del “buenos días” “buenas noches” “qué grande está el niño” “qué tal el frío/calor” “qué bueno que ya arreglaron X del edificio, no?”.    Lo más incómodo del encuentro de elevador es que normalmente te encuentras de la mano, muy acaramelados a esa pareja que se mata a gritos todas las noches y no entiendes absolutamente nada o cuando te encuentras cara a cara a quien le gritaste el miércoles a las 2am por tener la música a todo volumen.

 

El problema de raíz parecer ser que ya no tenemos paciencia para ser buenos vecinos, con el estress que vivimos diariamente nos conformamos con hacer los que nos corresponde y no llegamos con fuerza para convivir y hacer amigos con toda esta bola de inconscientes que han hecho muchos de nuestros días un infierno con su falta de civismo.

Debo confesar que hoy que encontré el proyecto www.sharesomesugar.com me dio nostalgia pensar en esas épocas en donde los vecinos no solamente se conocían, sino que se ayudaban.  ¿Eran mejores los vecinos de antes?

Muchos de nosotros crecimos siendo amigos de los niños del edificio o de la cuadra, íbamos juntos al parque en patines, avalanchas y bicicletas en la tarde;  hoy prácticamente eso ya no existe.

Me parece importante que nos demos a la tarea de intentar conocer a nuestros vecinos, si bien la gran mayoría son insoportables, groseros y codos (o al menos parecen), sepamos junto a quién estamos viviendo.  Ellos son quienes más allá de darte una tacita de azúcar, podrían ayudarte (o podrías ayudarlos) en una situación de emergencia.

 

                                                            M.

 

 

 

 

Nota:  Quiero aclarar que yo odio al 70% de mis vecinos.   La del piso de arriba no solamente tiene pésimo gusto para la música, una niña gritona, nos despierta los fines de semana a las 7:00 am con los gritos de Marc Anthony o de Ricardo Montaner y cuando invita a sus amigos zapatean “Bamboleiro” arriba de mi cuarto, haciéndome sentir que en cualquier momento se nos caen todos encima.

Esa vecina fue quien bajó corriendo a mi piso el primer día que me tocó un temblor muy fuerte en el edificio (yo estaba sola, aterrada) y me abrazó hasta que el edificio se dejó de mover.  Ese día obligadamente tuve que dejar de odiarla.

 

 

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