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Mis vecinos se están matando

by • 27 agosto, 2013 • AUNQUE USTED NO LO LEAComentarios desactivados en Mis vecinos se están matando7344

 

vecinos retroOficialmente ya no sé si llorar o reirme, la verdad es que estoy intrigada cual «comedia» con los mails que se están mandando mis vecinos.  Todo parece indicar que el del 501 tuvo el puntadón de decirle a su invitado que se estacionara en el cajón del 102 porque éste no tiene coche y nunca lo usa. Pero no señores… si ustedes pensaban que el del 102 es un ser pusilánime  están muy equivocados, porque hoy amanecimos con un mail de odio (en donde no copió a Dios Padre porque no vive en edificio) en el que deja clarísimo que la próxima persona que use su cajón de estacionamiento no va a vivir para contarlo.

¿Vale la pena enfurecerse así?

Ahí no quedó la cosa, la del 403 también se alebrestó y gracias a otro mail del terror nos enteramos todos que su Papá está viviendo con ella en el edificio porque le dio un derrame cerebral y pone en aviso a todos que si alguien le bloquea la salida de su coche en un caso de emergencia, tendrá que vérselas con las autoridades porque podrían matar al pobre hombre.

Así amanecimos hoy en el edificio… Mis vecinos tienen el poder de hacer que extrañes un temblor, te lo juro.   Cuando tiembla y todos desalojamos el edificio (porque no se mueve, baila!) somos amigos.  Platicamos, convivimos, compartimos escalas de Richter y alguna vez hasta nos abrazamos (así fue como hice las paces con mi vecina del 502 después del fiestón que hizo en donde me «zapatearon» Bamboleiro a las 4 am. en el techo de mi cuarto).

Yo no me considero una persona zen (en lo absoluto), pero me cuesta entender a la gente que tiene ganas de pelear por cosas que no tienen importancia.  Si el del 102 no tiene coche, qué más le da que los otros usen su cajón…  No sé, me provoca el «efecto cadenero», que son estas personas maltratadas por la vida que apenas se les presenta la oportunidad de tener un poquitito de poder, lo usan en contra del prójimo.

Y es que la verdad, en un edificio, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.   Quien no tuvo una reunión que se salió de control, tiene un bebé que llora toda la madrugada, o el hijo inquieto que bota la pelota a las 12 de la noche, o el perro que nunca se calla, en fin…  ¿Cuál es el motivo de ser todos enemigos si vivimos en el mismo lugar?

No sé si es un drama del hombre moderno… Yo me acuerdo que de niña, en el edificio en donde vivía se conocían todos y se tiraban «buena onda», es más, mi mamá me mandaba pedir prestados huevos al 402 para el desayuno del domingo porque invariablemente se le olvidaba comprarlos el sábado.  Si yo hoy fuera a pedir huevos a alguno de mis vecinos, lo más probable es que en vez de prestármelos, me los pinten.

Cada vez que me quejo de mis vecinos en público, me encuentro con que los míos son una bendición.  La gente tiene historias del terror en las que les rayan los coches, envenenan a sus perros, sospechan que son narcos o meten a ladroncillos al edificio.

Igual está feo, tendríamos que vivir más en armonía con la gente que tenemos alrededor. Yo si creo en los buenos vecinos porque hasta ahora los tuve, están escasos los vecinos que te acompañan al hospital en una emergencia, le echan ojo a tu casa cuando te vas de viaje, te regalan una chambrita cuando nace un bebé y  te invitan a tomar ponche en navidad.

La desconfianza mató a los buenos vecinos, la poca paciencia y tiempo que le dedicamos a cambiar esto los sepultó.

 

 

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