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Mi primer caja de herramientas

by • 6 octubre, 2014 • AUNQUE USTED NO LO LEA, TOP 5Comentarios desactivados1331

 

Hay por lo menos 25 cosas que pensé estaría haciendo en estas fechas, la gente no se equivoca cuando dice que la vida es eso que pasa cuando haces planes. Los míos hoy están guardados con llave en un cajón y no pienso/quiero volver a ponerlos sobre la mesa por un buen tiempo.

Cuando empiezas a trazar una nueva ruta, te das cuenta de que hay cosas que te hacen falta y que nunca te has detenido a reparar en ello.   Así fue como el sábado pasado, envalentonada por mis dos hermanas, compré mi primer caja de herramientas.

He de confesar que para mí la Tlapalería es un universo fantástico paralelo en donde habitan todas aquellas cosas que nunca me han importado pero sin las que evidentemente no se puede vivir. Y es que para una persona tan distraída como yo, las herramientas son un arma letal.

Les tengo tanto respeto que me dan miedo, esa es la palabra, miedo. En cuanto a menesteres del hogar, lo mío siempre ha sido la limpieza y la cocina. Estas manos no son de trabajo rudo, pero están aprendiendo a hacerlo.

Los primeros martillazos que dí oficialmente en mi nueva vida fueron contra una mesita de centro, armarla parecía cosa de niños.   El instructivo claramente tenía 3 “simples” pasos que nunca pude completar. El problema no fue la falta de ayuda porque ahí estaban mis hermanas para descifrarlo, tampoco fue que empecé a hacerlo a las 10 de la noche y que los vecinos de abajo se quejaron a los 5 minutos de haber empezado; y definitivamente no fue el mensaje del vecino que vive exactamente arriba de mí preguntando si era yo la que estaba martilleando o si era el regreso del furioso instalador de Prodigy que se quedó hasta las 11 de la noche el día anterior en casa.   El verdadero problema es no asumir que hay cosas para las que no estamos hechos.

Ayer vino Don Beto (el carpintero de confianza) a armar la mesita. Tardó exactamente 5 minutos y no necesitó darle ni un solo golpe.

Yo no estoy hecha para la carpintería ni el bricolaje, pero estoy dispuesta a aprenderlo por el mero sentimiento de liberación que provoca dar un martillazo y ver cómo las cosas se rompen o afianzan gracias a tu propia fuerza, un poco lo que está pasando por mis rumbos…

Hoy volví a abrir mi caja de herramientas y cambié sola un foco, obviamente, no las necesité para absolutamente nada, pero me dio paz el simple hecho de tenerlas cerca.   El martillo, desarmador, cúter, clavos y tornillos estamos haciéndonos amigos, auguro muy buenos tiempos juntos.

 

 

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