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Let it snow…

by • 1 diciembre, 2014 • AUNQUE USTED NO LO LEA, TOP 5Comentarios desactivados1267

 

Me he sentado muy dignamente a escribir este editorial con mi playlist navideño favorito de fondo. Clásicos de temporada interpretados por Ella Fitzgerald, Frank Sinatra y Nat King Cole; una joya que me ha acompañado desde 2007, año en el que oficialmente dejé de alucinar la Navidad y me convertí en una aficionada más.

Mi familia inmediata es tan pequeña (Mamá, hermano y yo), que nunca le habíamos realmente dado importancia a la Navidad. Poner el árbol era eso que nos quitaba una tarde a mi Mamá y a mí y que hacíamos por compromiso con mi hermano (quien ama la Navidad pero no cuelga ni una esfera). Hacer un pavo para tres es ridículo y mi Mamá alucina los romeritos y el bacalao, así que nuestra cena de Navidad era realmente una cena más con regalos muy lindos de por medio.

Así era mi vida hasta 2007, cuando conocí a alguien que estaba acostumbrado a las grandes cenas navideñas familiares, a las casas decoradas desde la reja hasta el baño, al ponche calentito, a la cena típica con más de 5 platillos navideños diferentes en la mesa, al momento estelar de entrega de regalos, fiesta de itacates y por supuesto, al tradicional recalentado del día siguiente.

Entonces me subí al tren de la Navidad, y fui inmensamente feliz. Durante 4 años, en Mayo visitábamos una tienda especializada en adornos navideños y comprábamos alguno que fuera icónico de lo que estaba sucediendo o sucedería ese año para recordarlo en Diciembre. Poco a poco me fui haciendo de adornos que nos recordaban algún momento especial el año siguiente mientras entre cajas y ramas poníamos el árbol el ultimo fin de semana de Noviembre.

La Navidad empezaba a partir de ese momento; ahora yo organizaba las cenas navideñas, pasaba 3 horas pegando cascanueces de gelatina en las puertas de vidrio del baño de visitas de mi casa (una obra de arte que cuidaba meticulosamente para poder ser reciclada el próximo año) y simplemente me sentía el ser más feliz del mundo porque Diciembre por fin había llegado.

En 4 años, este fue el primer último fin de semana de Noviembre que no puse mi amado árbol, y es que pocas cosas tan melancólicas y dolorosas como una Navidad atravesada en medio de un cambio de vida radical.

Diciembre me está aterrizando en un momento catártico y todavía no descifro cómo sobrellevarlo. Un día a la vez, dicen…

Este año parto a Argentina, necesito “hacer tierra” en mi tierra, ver a la familia que no he visto en 3 años y abrazar fuerte a mi hermana y sobrinos. Los aires de mi Papá, mi familia porteña, el calor y el río son justo los elementos que necesito para descifrar la nueva ecuación de las futuras Navidades de mi vida.

La Navidad es nostálgica, a veces conflictiva y no siempre bienvenida, pero para quienes hemos probado las “mieles” de lo que es una verdadera “Feliz Navidad”, difícilmente podemos dejarla ir.

Let it snow… Let it snow… Let it snow…!

 

 

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