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El eterno pendiente

by • 2 febrero, 2015 • AUNQUE USTED NO LO LEA, TOP 5Comentarios desactivados2129

 

Todos los días lo ves, sabes que ahí está, estás consciente de que tienes que hablarle al portero, albañil, electricista, carpintero o plomero; pero pasan los días y simplemente, sigue estando ahí.

El eterno pendiente es una condena que te persigue, es un enemigo silencioso que está constantemente al acecho esperando a que tengas un día complicado para colapsar (porque sabemos que, al igual que tú no has encontrado un buen momento para resolverlo, éste nunca va a elegir uno para sorprenderte gratamente).

El retrato hablado del eterno pendiente consiste en ese “pequeño” desperfecto del hogar que, la mayoría de las veces, no puedes resolver por ti mismo y para el que necesitas la ayuda de un tercero.   Es la lavasecadora que “camina”cuando centrifuga, el refrigerador que chorrea, la pantalla que no está bien empotrada a la pared, el foco que hace corto, la gotera de la regadera, la lámpara que no está bien colgada, el boiler que tardas 45 minutos en prender o simplemente el tupper que está abandonado en tu refrigerador desde hace más de un mes y que te dá pánico abrir por el micro-cosmos que se pudo haber creado en el colmo de la putrefacción.

Un eterno pendiente es como la humedad, mientras más lo ignoras, silenciosamente empeora hasta que un día, KABOOM, explota.

Todo se reduce a una cuestión de tiempo.   Pareciera que nunca es suficiente para lo que queremos/tenemos que hacer, sin embargo, de alguna extraña forma sí lo encontramos para procrastinar diaria y puntualmente.

Yo estoy consciente de que si estuviera igual de atenta con mis eternos pendientes a como lo estoy de mi celular (y sus chats, sus alertas, su baja batería constante y sus fallas), mi lavasecadora no caminaría. Sí, soy yo la del caso de la lavasecadora que camina (y la de la lámpara mal colgada también).   Llevo 3 meses sin “poder” hablar al servicio para que vengan a controlarla; ¿la verdad? creo que ya estamos empezando a divertirnos las dos con ese tema, cada vez que empieza a centrifugar me avisa el ruido e inmediatamente corro a tratar de detenerla convirtiéndose eso en una escena clásica de una cruzada medieval en tiempos modernos. Somos ella contra mí y yo contra ella, hemos aprendido a sobrellevarlo.

Y ese es precisamente el mal del “eterno pendiente”, te acostumbras a vivir en condiciones paupérrimas con tal de arreglarlo “mañana”. Te conviertes en el master de las jergas frente al refrigerador, ves la tele con riesgo de contractura por el acomodo “espontáneo”, dejas de prender el foco que tiene corto, aprendes a dormir con el ruido de la gotera, calculas tus tiempos con todo y los 45 minutos que te toman prender el boiler y el tupper, ese simplemente sigue ahí (porque no atenta contra nadie).

El mal del eterno pendiente parece tener cura todos los lunes, ¿cuántos lunes te has propuesto resolverlo sin éxito alguno?

“Pero hay un Dios…” Como dicen todavía algunas abuelas cuando quieren denotar venganza y la manifestación más clara de esto es que, cuando por fin maduraste y te tomaste el tiempo de arrasar con todos tus eternos pendientes, despides al plomero, electricista, carpintero y demás, cierras la puerta y es solo cuestión de algunas horas (si no es que menos) para que como por arte de magia aparezca uno nuevo que tendrá que esperar hasta la próxima debacle y/o racha de suerte para que pueda ser atendido, comenzando nuevamente con el ciclo interminable.

 

 

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