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Crónicas de Israel – Yad Vashem (Segunda parte)

by • 4 diciembre, 2013 • AUNQUE USTED NO LO LEAComentarios desactivados en Crónicas de Israel – Yad Vashem (Segunda parte)11264

 

No puedo pensar en alguien que en esta vida pueda estar emocionalmente preparado para conocer Yad Vashem, ese lugar te transforma, no hay forma de que salgas siendo el mismo que entró unas horas atrás.

Yad Vashem proviene de las palabras del profeta Isaías «“Yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros […]. Les daré un nombre permanente [un “yad vashem”], que nunca será olvidado.» Este es el nombre del recinto que conmemora el recuerdo de los Mártires y Héroes del Holocausto.

Todos sabemos lo que pasó y quizá alguna vez nos hemos enternecido con algún libro o película que trate el tema; con conocimiento de causa puedo decir que no hay nada que se compare con lo que inspira Yad Vashem.  Este lugar es lo más cerca que vas a estar en tu vida de la maldad, crueldad, dolor y sufrimiento que se vivió en esos días.

Se puede hablar tanto de él…  Podría escribir miles de líneas y no acabaría de describir cada recoveco. Han pasado ya algunos días desde que estuve ahí y todavía  puedo cerrar los ojos y describir cada uno de sus pasillos y las emociones que provocan.

En Yad Vashem no hay réplicas, todas las piezas  son originales y fueron encontradas en restos de campos de concentración o donadas por familiares y sobrevivientes  del Holocausto.   Cada fotografía, cada objeto cuenta una historia por sí misma, ni siquiera es necesario leer su descripción, basta con clavar la mirada en ellos para imaginar todo lo que pasó y no poder creer el estar tan cerca ni imaginar cómo fue que cada una de esas reliquias llegó hasta ahí.

Lo primero que te recibe a la entrada del museo es un mural con una enorme foto sumamente cruda que muestra cadáveres y troncos colocados a modo de fogata a punto de ser incendiados, esa era una de las tantas atrocidades que los Nazis cometían para deshacerse de los cuerpos de los Judíos rápida y prácticamente antes de que hubiera campos de concentración.

Frente a él hay una vitrina con fotos encontradas junto con los cuerpos, algunos son retratos de familia, de niños, de jóvenes…  Y explican que dichas fotos estaban en la ropa de estas inocentes víctimas que, pronosticando su destino, guardaban imágenes de sus amores en los bolsillos para “llevarlos consigo siempre y estar con ellos hasta el último momento”.

A mí esto me conmovió profundamente, porque siempre se dice que “como llegas a esta vida, te vas” y se habla de cómo al final del camino no te llevas absolutamente nada de aquí. Esto me reafirma que al final del camino sí te llevas algo, y eso es  el amor que damos y recibimos de nuestra familia y amigos; es realmente nuestra única pertenencia en este mundo.

¿De quién llevarías fotos en tus bolsillos hoy?

Esta es solo la entrada, el recorrido del museo va desde cómo empezó la propaganda Nazi en contra de los Judíos hasta la reacción del resto del mundo cuando terminó la guerra y se destaparon las atrocidades que se habían cometido.

Yad Vashem deja muy claro el proceso de deshumanización que sufrieron tanto Nazis como Judíos.  Los Nazis aprendieron a ver a otro ser humano como un ente deplorable, asqueroso, maligno  y a lastimarlo cruelmente sin compasión, mientras las víctimas se convertían en números, números tatuados al entrar a un campo de concentración, enemigos vencidos, estadísticas de muerte…

El final es un momento de catarsis total, la cúpula de la Sala de los Nombres te deja sin aliento y quiebra hasta al más fuerte.  Cientos de fotos y miles de carpetas que son archivos llenos de nombres te erizan la piel apenas pones un pie adentro.

Tener un nombre es una parte fundamental de tu humanidad y es precisamente lo que Yad Vashem tiene como propósito.  No hablar solamente de los caídos, sino devolverles el nombre y apellido que les corresponde, que los identifica como seres humanos.

Se habla de 6 millones de víctimas, al momento tienen aproximadamente 4,200,000 nombres registrados.  Dentro de este inmenso archivo circular está el espacio vacío de los que aún falta por reconocer, no pierden la fe, reafirman su “Emunah”.

La búsqueda de la humanidad de estas personas continúa, cuentan que, a la fecha, hay gente que va al museo y por alguna fotografía u objeto, logra reconocer a algún familiar o conocido que pereció durante la guerra y gracias a esto, siguen sumando nombres a la lista; gracias a la tecnología, hoy también lo pueden hacer a través de su sitio oficial.

Yo salí emocionalmente devastada de ahí, no hay palabras para describirlo.  El día anterior había vivido una experiencia sumamente espiritual durante la caminata por el Monte de los Olivos, el Santo Sepulcro, el Muro de los Lamentos…  Y de pronto, en menos de 24 horas esta sensación de paz se ve eclipsada por semejante golpe de realidad.  Aquí no juegan tus creencias, ni  tu espiritualidad, ni tus preferencias religiosas, simplemente eres testigo de hechos reales que demuestran lo bajo que puede caer el ser humano y la maldad que puede habitar en él.

Como dije al principio, es imposible salir siendo la misma persona que entró a Yad Vashem.  A partir de vivir esta experiencia no puedes volverte a permitir el no valorar los momentos de sufrimiento por los que has pasado porque son los que te han hecho ser más fuerte, no puedes ignorar lo que pasa a tu alrededor y ser más consciente de lo afortunado que es tu entorno, no puedes dejarte llevar por lo que la demás gente crea si no está dentro de tus convicciones, no puedes dejar de extender una mano a quien lo necesite, no puedes, bajo ninguna circunstancia perder o descuidar el propósito y la misión que te has propuesto seguir en esta vida.

El Holocausto es solo una pequeña  parte de la historia de la humanidad, desafortunadamente somos animales “racionales” que tropiezan  una y otra vez,  permitiendo que los errores sean cíclicos a través del tiempo.

No hemos aprendido y seguimos siendo testigos de muchas injusticias y atrocidades que se cometen en el mundo.  En México, ya no es extraño escuchar sobre asaltos, secuestros, balaceras, miles de víctimas del narco… Y simplemente nos limitamos a quejarnos de la situación.  Se entiende que no podemos hacer mucho más y que hay cosas que no están en nuestras manos, pero por favor, no lo ignoremos; no nos deshumanicemos.

El cambio empieza por nosotros, si en nuestro pequeño entorno somos más conscientes y nos preocupamos por no perder nuestra humanidad, las cosas inminentemente tendrán que cambiar.  Heredemos amor y conciencia a nuestros descendientes, quizá este es el primer paso.

Hay muchas cosas más que me gustaría compartirles de Yad Vashem, pero creo que todavía ni siquiera he terminado de procesarlas, sigo inmersa en la reflexión de valorar la importancia de tener un nombre y agradeciendo infinitamente a esta vida el ser tan buena conmigo.

Esa fue la despedida de Jerusalén, después de esos días de tanta introspección y reflexión, emprenderíamos el viaje por el desierto con una muy particular escala en el Mar Muerto. Hubo desde baños de barro hasta paseos en camello y un pedicure extremo con pequeñas pirañas, pero eso voy a platicárselos en la siguiente entrega…

 

Nota: Por obvias razones, en Yad Vashem está prohibido tomar fotos, pero pueden ver las imágenes del museo en su página oficial.

 

 

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