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Adiós al drama

by • 20 agosto, 2013 • AUNQUE USTED NO LO LEAComentarios desactivados en Adiós al drama5696

 

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Me harté.  Hasta aquí llegué.  No doy más.

Creo que es un conjunto de todo… Últimamente vengo cerrando demasiados ciclos al mismo tiempo y eso me ha hecho tocar fondo.  ¿Por dónde empezar?

He de confesar que para mí, la mudanza de la casa de mi Mamá está siendo un torbellino emocional.  Cuando volé de ahí, opté por empacar lo básico y llevarme solamente mi ropa y unos cuantos libros.  La consecuencia es que ahora tengo una vida por empacar (o deshechar).

Como contexto de todo esto, he de contarles que durante mi adolescencia tuve un severo complejo de acumuladora (no en vano pesaba 96 kilos), y me dedicaba a guardar TODO (y cuando digo TODO me refiero a: papeles de chocolates, tarjetitas, boletos de cine, cuadernos de la escuela, mochilas, estuches, peluches, etc..)  Absolutamente todo lo que guardaba estaba relacionado con algún momento “especial”.

Lo que no preví es la incapacidad de recordar cada uno de esos momentos, entonces, 20 años después, una envoltura de Hershey’s pierde su sentido, los boletos del cine han sido borrados con el tiempo, y las tarjetitas de “T.Q.M.” no te provocan absolutamente nada.

He destinado las tardes de los viernes a depurar lo que era mi cuarto, al momento llevo 4 semanas y, honestamente, no le veo fin.

Es increíble cómo puedes reencontrarte con tu vida en una mudanza, cada vez que voy me encuentro con una etapa diferente.  El primer día, saltaron los recuerdos de mi infancia, la primera caja tenía todos mis peluches favoritos (que Mamá me había guardado), la ropa que me tejió mi abuela de bebé, un hornito de peltre de mi bisabuela (a falta del hornito mágico que nunca me trajo Santa Claus por mi obvia tendencia a engordar),  las cartas que mi Papá me escribía desde Argentina y las fotos de cuando me coronaron «Reina de la Primavera» en el Kinder.

Otro día me encontré todos mis cuadernos de la escuela, ahí aparecieron cientos de mensajitos y cartitas que me escribía con Cristina, los poemas de Ana, mis boletas, mi kit de óleos secos (de cuando se me dio por tomar clases de pintura), mis partituras de las clases de piano,  mis casettes y uno que otro “diskette” (que quién sabe qué guarden pero que ya tuve a bien tirar).

Al de la basura le debe quedar clarísimo que un “adulto contemporáneo” está haciendo depuración, porque mira que encontrar: plumonitos, estampitas del álbum “Tú y yo”, y hasta un Skytel, no debe pasarle todos los días.

Conforme pasan los días, el tiempo me va a alcanzando.  El viernes pasado me reencontré con el 2004 y todo lo que ese maravilloso año trajo consigo a mi vida. Ese enero entré a trabajar a EMI Music, con conocimiento de causa puedo decir que mi vida no sería la que es hoy si no fuera por ese lugar.  Ahí conocí al amor de mi vida y a mis actuales socios, además de una serie de  personajes únicos y entrañables.

En medio de todo esto encontré mis diarios, siempre me ha gustado dejar por escrito mi paso por esta vida.   Fue increíble revivir mi infancia y mi adolescencia en esas hojas, mis diarios son y serán siempre uno de mis más grandes tesoros.  En el 2006 me di cuenta de que los diarios en papel empezaban a ser obsoletos y migré al blog, empecé a descargar todas mis alegrías, furias y desilusiones amorosas ahí.  En medio de todo este caos de mudanza, ya enganchada con la lectura de “vidas pasadas”, lo leí de principio a fin.

Esas son letras mucho más cercanas a mi vida como está hoy, el último día que posteé algo fue el 18 de Febrero del 2011.

De inicio no pude acordarme por qué abandoné ese espacio, realmente lo disfrutaba y era un escape que me parecía divertidísimo.   No filtraba, me importaba un rábano todo y solamente me sentaba a escribir y escribir y escribir…

Dejé mi blog porque un día aterrizaron unos trolls anónimos (obviamente) y empezaron a atacarme, lo que me hizo desistir es que no solamente iban contra mí sino contra mi “Rockstar” (como en ese entonces le llamaba a mi Viejo) y como yo solía poner santo y seña de toda mi vida, pues me ponía “de pechito” para que lo hicieran, dándoles herramientas para hacerme mil pedazos en unos cuantos caracteres.   A partir de ahí, empecé a postear cada vez menos hasta que un día lo dejé.

Cuando surgió la idea de hacer Dramas de Casa, la primera intención era volver a sentir la alegría y satisfacción que me daba escribir y que tanto bien me hacía para salir un ratito de la  rutina. La idea era dejar un testimonial de mi vida “adulta” haciendo una plataforma amigable en donde, de paso, hablaría de consejos prácticos para el hogar.

Ahora sí no lo iba a hacer personal, no señores…. Esta vez los trolls no iban a tener tela de donde cortar, porque todo sería mucho más formal y frío.

Lo que empezó como un hobby se convirtió en una obligación, ya que afortunadamente mi idea gustó y mucha gente se sintió identificada con el sitio y empezó a crecer, y a crecer, y a crecer…   Entonces esto se convirtió en otro trabajo más para mí, porque yo elaboro todas las notas, busco las imágenes, manejo las redes sociales, en fin…  ¿Y mi hobby Apá? Pues… la lectura y cuando no se puede porque estoy agotada, el Candy Crush (¿así o más triste?).

Me hago cargo de todo esto porque fui yo la que armó esta estructura, y no me arrepiento ni me quejo en lo  más mínimo, simplemente estoy haciendo un alto necesario el día de hoy.

Señores y señoritas; ¡Fuera caretas!  Ya no puedo tratar de ser un ama de casa formal porque la verdad, no lo soy.  Yo amo mi casa y me encanta escribir sobre las cosas que voy descubriendo y lo que creo que puede ser útil para ustedes, pero he decidido traer de vuelta mis orígenes para aprovechar esta plataforma que he construido y volver a disfrutarla (y de paso, desahogarme), obviamente sin dejar atrás todo el trabajo que he venido haciendo durante el último año; los consejos, recetas, guías de manchas, mascotas, tips y demás van a seguir siendo parte del sitio como siempre.  Es más, quizá si no hubiera escrito este post ni siquiera se enterarían de lo que hablo, pero para mí es muy importante hacerlo.

Quiero que dentro de 20 años mis hijos encuentren esto y digan… PFFFFFT! Qué horror mi Mamá, qué flojera, mientras  seguramente yo pensaré «Ahh… Those were the days…» ¿Sí me explico? A lo que voy es que he vencido el miedo de hablar y de que me juzguen; si regresan los trolls, serán bienvenidos…  Me encontrarán con unos cuántos años más y mucha paciencia.

Es momento de volver a disfrutarlo, y créanme, que desde este momento lo estoy haciendo, a corazón abierto las palabras brotan mucho más fácil. Mi abuela decía que con la verdad no se teme ni se ofende; esta soy yo y a partir de hoy les voy a contar mis dramas, eso sí se me da.

 

A mi Viejo, por animarme a volver a ser “yo”

A Cristina, por siempre recordarme de dónde vengo

 

 

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