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300 cartas

by • 10 octubre, 2013 • AUNQUE USTED NO LO LEAComentarios desactivados en 300 cartas26576

 

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Por alguna extraña razón, toda mi vida creí que mis papás se divorciaron cuando yo tenía siete años, no sé por qué pero para mí siempre había sido así.  En automático asumí que mi vida cambió a esa edad; para mi sorpresa, la semana pasada me enteré que no fue así.  Tenía seis, solamente seis años cumplidos.

Nunca me he considerado el tipo de persona “cicatrizada” por el divorcio de sus padres, al contrario, para mí siempre fue normal.  Y es que si ustedes hubieran conocido a mi Papá y se sentaran a charlar con mi Mamá, entenderían que son Norte y Sur. Me acuerdo de largas charlas con mi abuela preguntándole ¿Pero por qué nadie les dijo nada? Ella solo se reía y me decía “Te juro que de alguna forma extraña funcionaban…”

Era 1987 cuando Mamá y yo venimos a México, mi Papá se quedo en Buenos Aires trabajando con la promesa de venir a verme (mínimo) cada 3 meses.

En aquel entonces la tecnología más sofisticada que teníamos en casa era la cajita de Cablevisión, esa que tenía un cable largo, botones y una palanquita para hacer el “switch” entre TV local y cable.

Yo recién había cumplido seis años y empezaba a leer, en cuanto mi Papá se enteró de esto, corrió a un kiosko a comprar papeles carta y sobres.

La primera carta que recibí en mi vida fue escrita el 3 de Febrero de 1987. Todas empezaban con un “Querida Melisita de mi vida y de mi amor” y terminaban con “Papá, que cada día de su vida te ama y extraña más”.

No es porque haya sido el mío o porque las niñas tenemos unnoséqué con el padre, pero realmente mi Papá era un genio (y mis hermanas no me dejarán mentir).  Se ponía al tanto de los álbumes del momento y me los mandaba apenas salían junto  con 2 dólares para comprar Pritt.  Compraba cajas de estampitas por tonel y con cada carta me mandaba 3 sobrecitos de estampas para llenar mi álbum.

Hubo un tiempo en que me escribía todos los días, a veces cada tercer día; pero no pasaban 7 días al hilo sin recibir líneas suyas.  Siempre atento, siempre pendiente, siempre preocupado…  Su mejor amiga lo describe bien, mi Papá era fanático de sus hijas.

Por muchos años pensé que esas cartas estaban perdidas, no podía recordar en dónde habían quedado ni qué había sido de ellas.  Me imaginaba perfecto cómo se iban a la basura en alguna limpieza de cajones o de clóset y, aunque por muchos años me dolió muchísimo contemplar esa escena, puedo decir que lo tenía muy superado.

En medio de la mudanza de la casa de mi Mamá las encontré y con mucha nostalgia puedo decir que las abracé con todas mis fuerzas.  Ahí estaban sus letras de molde chuecas y sus líneas siempre amorosas, una que otra estampita suelta y Pritts secos; mi infancia en papel…

Al ser uno de mis más preciados tesoros, decidí conservarlos como tal.  Compré las carpetas más bonitas que encontré y guardé una por una en láminas de plástico acomodándolas cronológicamente.

300 cartas cuentan la historia de un hombre que vivió en otro país pero que logró vencer la distancia a través de las letras y hacerse siempre presente para su hija.  Yo siempre digo que mi Papá no vivió a lo largo, pero sin duda lo hizo a lo ancho; puedo decir que tuve 21 años la calidad de un padre que mucha gente no tiene en toda su vida.

Son 300 cartas en las que me cuenta qué desayunaba, si había ganado el partido de tennis, si había visto una nueva película, si mi hermana había sobresalido en algún examen, si mis primos tocaban un nuevo instrumento o habían cumplido años, si mi abuela se había comprado un nuevo vestido que le quedaba muy lindo o si mi abuelo otra vez había pedido empanadas para cenar.   Crónicas cotidianas de su vida que me hacían sentir más cerca de él, más bien que hasta el día de hoy me hacen sentir cerca de él.

El papel y los sobres caducaron en 1996, su última carta es del 10 de Julio.  Internet llegó a nuestras vidas y fue algo que revolucionó por completo nuestra relación, ahora podíamos escribirnos y leernos de inmediato y chatear todas las noches.  Me acuerdo que no lo podíamos creer, nos habremos mandado 90 mails de prueba mientras estábamos (todavía) al teléfono preguntándonos: ¿Te llegó?  ¿Ahora sí te llegó? ¿A ver, si le pongo “reply” te llega?  ¿Qué es FWD? ¿Se manda más rápido con el FWD?

Muchas veces pienso en cómo sería si mi Papá todavía estuviera por aquí, seguramente sería el rey del Facebook, no le encontraría sentido al Twitter, chatearíamos en el tráfico, me marcaría por Skype en medio de ESA junta importante, reenviaría todos los memes del mundo y hubiera compuesto la cumbia del “Ola ke Ase”.

A diez años de su partida, volví a tener un pedacito de él cerca de mí gracias a esas cartas, nada como el papel que, aunque parezca anticuado, perdura a través del tiempo impregnando una nostalgia invaluable.

Ayer terminé de poner todas en orden, lo haría mil veces más para volver a leerlas y sentirlo cerquita de mí.  Hace mucho que no escribo una carta en papel, mi nuevo propósito es volver a hacerlo. ¿Hace cuánto no escribes una carta?

 

 

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